Gabriel Burgueño: su planta nativa preferida
Originaria de América, la elegida suele verse en varias provincias de la Argentina, como La Pampa, Buenos Aires y Córdoba. Es un ejemplar ideal para diseñar jardines naturalistas.

Gabriel Burgueño (Lic. en Planificación y Diseño del Paisaje y especialista en plantas nativas) nos cuenta que su planta predilecta es la cola de liebre (Bothiochloa laguroides).
Recuerda que la vio por primera vez en pastizales de Luján (Buenos Aires), hace unos treinta años. Entonces, investigaba las plantas nativas de esos hábitats con la gente del vivero Árboles Nativos Argentinos —de los primeros proyectos en dedicarse, en la provincia, particularmente al cultivo de plantas locales—, nos cuenta Gabriel.
Es una gramínea muy simple, pero de gran presencia. Espontánea en varias provincias —como La Pampa, Buenos Aires y Córdoba—. Forma praderas estables o efímeras entre cortes; es decir, no hace falta planificar un pastizal o un rough permanente, sino que llega a espigar en unos días, antes de que se vuelva a cortar.
Sugiere cultivarla o dejarla crecer espontáneamente. Es frecuente verla en las rutas, las autopistas, al costado de los caminos, en los playones de trenes y en los jardines. Hoy, con la tendencia al estilo del jardín naturalista, es muy fácil de incorporar.

Qué sabemos sobre la planta cola de liebre
Podríamos describir esta planta como una hierba —es una gramínea— mediana de entre 30 y 60 centímetros de altura. Tiene tallos algo inclinados e inflorescencias con flores blancas que parecen plumeritos movidos por el viento. Su aporte es muy sutil y se destaca en momentos de puesta de sol, cuando los rayos casi horizontales tiñen de dorado el conjunto.
Nativa de América, en la Argentina es una especie típica de las zonas con pastizales y muy característica de la llanura pampeana. Su etapa más llamativa ocurre entre octubre y mayo —desde mediados de la primavera hasta fines del otoño—, período en el que la planta brota activamente y florece. El resto del año, al entrar en su descanso invernal, luce con menos presencia. Sin embargo, en inviernos benévolos, sigue verde y espera pacientemente el regreso del calor para volver a brillar.

