Jardín real: bajo consumo hídrico y colores nacidos de la arquitectura

El paisajista Eduardo Vera presenta el proyecto Chirino, una de sus obras en la provincia de Mendoza.

Proyecto Chirino. Imagen: gentileza de Eduardo Vera

En el piedemonte mendocino, donde el agua es un recurso escaso, el paisajista Eduardo Vera proyecta un jardín que no intenta imponerse al entorno. Por el contrario, procura dialogar con él. La obra se apoya en una premisa clara: bajo consumo hídrico, sin necesidad de resignar carácter ni calidad estética.

La paleta vegetal responde tanto al clima como a la arquitectura. Los tonos cálidos de la casa encuentran continuidad en especies seleccionadas por su follaje y floración: la acacia de Constantinopla (Albizia julibrissin) estructura el espacio cercano a las áreas de estar, mientras que, al fondo, la acacia baileyana rubra (Acacia baileyana ‘Purpurea’) aporta matices violetas que tensan la composición. La santolina (Santolina chamaecyparissus), de gris plateado, actúa como nexo, y suaviza los contrastes a la vez que refuerza la lectura xerófita del conjunto.

Acacia de Constantinopla, acacia baileyana rubra y santolinas. Foto gentileza de Eduardo Vera

Las gramíneas cumplen un rol central, no solo por su bajo requerimiento hídrico, sino por la capacidad que tienen de brindar movimiento y textura. Se reconocen la cola de zorro (Pennisetum alopecuroides), con sus espigas suaves y luminosas, y la festuca azul (Festuca glauca), que construye manchas compactas de tono frío. En sectores más amplios, aparecen también masas de stipa (Nassella tenuissima), que refuerzan la idea de paisaje naturalizado y acompañan la transición hacia el entorno.

Hay una decisión que distingue el proyecto: la inclusión de especies autóctonas con un giro contemporáneo. Los chañares —tanto los injertados sin espina como los chañares brea (Geoffroea decorticans)— no remiten únicamente al paisaje natural mendocino, sino que introducen una capa de identidad que trasciende lo ornamental. Están integrados en una matriz en la que conviven con gramíneas y macizos de bajo requerimiento hídrico.

Cola de zorro, stipa y chañares. Foto gentileza de Eduardo Vera

El diseño evita la rigidez. Las masas vegetales se organizan en franjas y bordes que acompañan las líneas de la arquitectura, pero sin caer en la literalidad. Las rocas, el césped contenido y los planos abiertos generan una transición gradual entre lo construido y el paisaje lejano.

El resultado: un jardín de bajo consumo hídrico y gran valor ornamental.