Un parque en el norte de la provincia de Buenos Aires

Diseñado por la Téc. en Jardinería Gabriela Luongo, su propuesta paisajística tuvo como premisa fundamental preservar y poner en valor la vegetación existente.

Pradera. Foto: gentileza de Gabriela Luongo

Emplazado en el paisaje característico del norte de la provincia de Buenos Aires, este establecimiento de dos hectáreas se encuentra inmerso en una masa arbórea consolidada a lo largo del tiempo.

Un imponente ombú (Phytolacca dioica), grandes eucaliptos (Eucalyptus spp.), talas (Celtis spp.), algarrobos (Prosopis spp.) y otros ejemplares nativos conforman una estructura vegetal de extraordinario valor paisajístico y ambiental, generando claros, túneles naturales y espacios de sombra. Estas características definen el carácter singular del sitio y constituyen el principal patrimonio natural del proyecto.

Propuesta paisajística

La propuesta paisajística surge a partir de una premisa fundamental: preservar y poner en valor la vegetación existente. Más que transformar el paisaje, la intervención busca acompañar su evolución natural, respetando la memoria del lugar, sus procesos ecológicos y la estrecha relación establecida entre el arbolado consolidado, el estrato herbáceo y la fauna asociada. Se entiende que la verdadera riqueza del predio reside en la estructura vegetal que ha modelado este paisaje durante décadas.

El proyecto conserva íntegramente el arbolado preexistente, manteniendo el protagonismo del ombú, los eucaliptos, talas, algarrobos y demás especies que conforman el bosque original. Del mismo modo, se preservan las comunidades espontáneas del estrato inferior, donde especies nativas como Glandularia tenera, Pavonia sepium y diversas gramíneas acompañan, naturalmente, los claros del bosque, reforzando, así, la identidad ecológica del lugar.

Los espacios generados por el crecimiento natural entre los árboles fueron respetados: se conservaron túneles arbóreos, visuales abiertas y ambientes de sombra que caracterizan el paisaje.

Las suaves pendientes naturales del terreno y los desniveles propios de la arquitectura permiten desarrollar distintos estratos vegetales sin alterar la topografía existente. Bajo las copas de los árboles, se generan ambientes de mayor intimidad, concebidos como espacios de encuentro, en los cuales la sombra, el canto de las aves y la tradición de compartir un mate al atardecer encuentran un marco natural privilegiado, rodeados de Pavonia sepium, con su increíble floración, aún en sombra filtrada.

El lenguaje paisajístico se construye mediante amplios macizos y asociaciones vegetales organizadas sobre matrices de gramíneas nativas. Grandes bloques de Melica macra estructuran las plantaciones al aportar textura, movimiento y continuidad visual. En tanto que las comunidades de Glandularia tenera, Solidago chilensis, Acmella decumbens, Asclepias mellodora y Chromolaena ivifolia generan sucesivas floraciones, incrementan la disponibilidad de néctar y favorecen la presencia de mariposas, abejas nativas y otros insectos polinizadores durante gran parte del año.

En el estrato arbustivo, se incorporan masas de Baccharis trimera y Baccharis notosergila, especies de gran valor ecológico que ofrecen estructura, refugio y alimento para aves e insectos beneficiosos.

Bajo las copas de los árboles, se generan ambientes de mayor intimidad. Foto: gentileza de Gabriela Luongo

Los senderos permiten descubrir perspectivas cambiantes entre el ombú, los talas, los eucaliptos y los algarrobos, atravesando praderas, claros y sectores boscosos en los que las distintas comunidades vegetales se suceden de manera gradual. Cada recorrido propone una experiencia pausada, acompañada por la luz filtrada entre las copas, la diversidad de texturas, el movimiento de las gramíneas y la floración escalonada de las especies nativas.

Asimismo, el proyecto incorpora criterios de sustentabilidad y manejo responsable del agua mediante superficies vegetadas permanentes, comunidades adaptadas a las condiciones climáticas regionales y especies de bajo requerimiento hídrico.

Más que una intervención, la propuesta representa una continuidad del paisaje original: un bosque donde el arbolado histórico, las comunidades herbáceas nativas y la biodiversidad constituyen los verdaderos protagonistas, y dan origen a un espacio sereno, auténtico y profundamente vinculado con la esencia del territorio de Baradero.

Obra: Estudio Trama