Restauración de un jardín histórico

María y Roberto Mulieri diseñaron este parque, ubicado en Castelli (Buenos Aires). Y, para eso, incluyeron un censo botánico. ¿Qué plantas eligieron?

Parque de una estancia histórica, ubicada en Castelli (Buenos Aires). Foto: gentileza de María Mulieri

Con una extensión de 200 hectáreas en plena llanura pampeana, este establecimiento rural constituye un valioso testimonio del patrimonio histórico, cultural y paisajístico de la provincia de Buenos Aires.

Rodeado de campos naturales, bosques autóctonos y jardines cuidadosamente conservados, ofrece un entorno de serenidad y conexión con la naturaleza, donde cada espacio refleja el diálogo entre la tradición y el paisaje.

Su construcción original data del siglo XIX y fue restaurada respetando su estilo arquitectónico tradicional, preservando elementos históricos que forman parte de la identidad cultural de la región.

– Reseña histórica

El predio fue heredado en 1872 por Manuel Guerrero, hermano de Felicitas Guerrero, figura reconocida en la historia argentina. Durante las últimas décadas del siglo XIX, albergó una de las primeras fábricas de productos lácteos del país, lo cual marcó un hito en el desarrollo productivo regional. Desde entonces, ha mantenido su función como espacio rural, combinando a lo largo del tiempo actividades productivas, culturales y turísticas.

El entorno se encuentra rodeado de zonas de baja densidad poblacional, con paisajes característicos de la llanura pampeana, sin construcciones industriales cercanas y con una destacada conservación del medio ambiente.

Casuarinas y agapantos. Foto: gentileza de María Mulieri

Cómo se hizo la restauración del jardín

El parque fue restaurado teniendo en cuenta distintas documentaciones existentes en archivos y bibliotecas. Presenta una reminiscencia de estructura neoclásica con un eje puesto en la productividad rural, antiguas lecherías, cremerías, carnicerías, capillas, comedor de los empleados rurales y una biblioteca agropecuaria única en la provincia de Buenos Aires.

A partir de un censo botánico pormenorizado y de un registro de los valores arquitectónicos, los paisajistas María y Roberto Mulieri, quienes han trabajado en la estancia desde 2020, tenían una premisa clara, fundamental para la intervención paisajística: desarrollar un concepto de restauración acorde con la Carta de Florencia (documento internacional dirigido a la protección de jardines históricos).

Se buscó unificar e integrar todo el parque mediante un arbusto que le otorgara identidad propia. La especie elegida fue la ligustrina (Ligustrum sinense), que cumple un papel fundamental, ya que cada sector se encuentra definido por esta planta.

Dicha ligustrina fue utilizada respetando el entorno, mediante setos bajos y bien estructurados que enmarcan y otorgan jerarquía a la entrada principal. También se empleó en el frente de la casona, sectorizando un jardín privado y formando círculos con agapantos azules (Agapanthus umbellatus) en su interior.

Setos de ligustrinas. Foto: gentileza de María Mulieri

En la galería principal, junto a cada columna, se plantaron rosales iceberg (Rosa ‘Iceberg’) para brindar floración, aroma y frescura a los dormitorios.

Se realizaron canteros utilizando arbustos como jazmines del Cabo (Gardenia jasminoides), agapantos (Agapanthus umbellatus) y gauras blancas (Oenothera lindheimeri).

Fue ubicada una piscina circular, también rodeada por la misma geometría de setos de ligustrina, con el objetivo de generar privacidad y seguridad en el sector.

La caminería fue replanteada y se realizó una rotonda para lograr una mejor distribución. En su centro se ubicó un pedestal con copón rodeado por agapantos. En uno de los caminos que se dirige al sector de la ganadería y vieja lechería, se plantaron a ambos lados, casuarinas (Casuarina cunninghamiana).

La capilla está enmarcada por árboles de liquidámbar (Liquidambar styraciflua), que aportan calidez mediante sus colores otoñales y sus características formas cónicas. Del lado posterior de esta, se dibujó un semicírculo con formios (Phormium tenax ‘Rubrum’).

Asimismo, se desarrollaron más de 1000 metros lineales de senderos de interpretación e hitos que permiten recorrer espacios únicos bajo las copas de los árboles.

Como puede apreciarse, no se utilizaron demasiadas especies vegetales. El lenguaje paisajístico fue simple, coherente y unificador, en sintonía con la arquitectura del lugar, sectorizando y otorgando jerarquía a sus distintos espacios, siempre con profundo respeto por el entorno y su identidad histórica.

Obra: Estudio Siempreverde (www.siempreverde.com)