¿Las plantas sienten?

La vida secreta de las plantas, de Peter Tompkins y Christopher Bird, recopila diversos experimentos que buscaban explorar la posible sensibilidad de los vegetales.

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Una de las experiencias más conocidas para determinar la sensibilidad vegetal ocurrió en 1966. Cleve Backster, distinguido por su trabajo con detectores de mentiras en los Estados Unidos, conectó un galvanómetro a una Dracaena fragrans ‘Massangeana’. Su intención inicial era observar si el agua vertida sobre las raíces producía algún cambio en la respuesta eléctrica del ejemplar.

Tras conectar el aparato, el investigador esperaba observar una reacción asociada a la absorción de agua. Sin embargo, el instrumento registró una variación que, según su interpretación, se parecía a la respuesta emocional humana. Intrigado por este resultado, decidió realizar un nuevo ensayo: pensó en quemar una de las hojas para comprobar la reacción.

Según relató posteriormente, en el momento en que formuló esa intención, el galvanómetro registró un cambio brusco antes de acercar la cerilla. Backster interpretó este hecho como una respuesta de la planta a su propósito de dañarla.

¿Qué dice la ciencia actual sobre la conciencia vegetal?

A partir de esta observación, Backster llevó a cabo numerosos experimentos con distintas especies. El investigador llegó a proponer que los vegetales eran capaces de percibir estímulos del entorno e, incluso, de responder a las intenciones humanas. Estas afirmaciones despertaron un gran interés entre el público y fueron recogidas en el libro citado.

Sin embargo, los experimentos no pudieron ser reproducidos de manera consistente por otros especialistas. En la actualidad, las conclusiones sobre el efecto Backster no son aceptadas por la comunidad científica como evidencia de que las plantas posean conciencia o percepción.